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El viernes 11 de diciembre, el consejero hizo pública por fin la decisión de la Junta de Andalucía, que asumía prácticamente todas las tesis del movimiento de segregación, hasta que el octubre de 1987 se conocía también el dictamen favorable del Consejo de Estado, el cual instaba a la Junta de Andalucía a aprobar definitivamente la independencia municipal de Torremolinos.
Aún así, la Junta de Andalucía no encontraba el momento político oportuno para hacer pública tan importante decisión, lo que llegó incluso a motivar que la Junta Pro-Autonomía se marcara la iniciativa probablemente más osada y ambiciosa de su existencia: la convocatoria de una manifestación ante la misma sede de la Consejería de Gobernación, en Sevilla.
La complejidad de la logística, que pretendía el traslado a la capital andaluza de más de cinco mil personas, suponía un reto para la Junta Pro-Autonomía, que asumió sin recato, consciente del rotundo respaldo popular a su lucha.

El 25 de noviembre se hizo pública la convocatoria, que anunciaba la concentración para el 15 de diciembre de ese mismo año, 1987, y que fue acogida de inmediato con un entusiasmo imprevisible, hasta el punto de cubrirse en pocas fechas las plazas previstas inicialmente, correspondientes a 80 autobuses contratados.

Los vecinos de Torremolinos, indudablemente, parecían percibir en su mayoría que este acto iba a ser decisivo de cara a la adopción por parte de la Junta de Andalucía de una postura definitiva sobre la independencia, sobre todo a raíz de la petición del mismísimo consejero de Gobernación, Enrique Linde, de entrevistarse, dos días después, el 10 de diciembre, en Torremolinos, con el presidente de la Junta Pro-Autonomía, Pedro Fernández Montes.

El escenario de este importante encuentro fue el Molino de la Torre y en el mismo el consejero Enrique Linde adelantó ya la decisión del gobierno autonómico de dar "luz verde" a la segregación de Torremolinos, por lo que reclamaba la suspensión de la anunciada manifestación en Sevilla, informando que la noticia sería dada a conocer al día siguiente, de tal manera que Torremolinos accedería oficialmente a su independencia en junio del año siguiente.
Los miembros de la Junta Pro-Autonomía, además de mostrar su satisfacción por la noticia, explicaron a su interlocutor la imposibilidad, dada su cercanía en el tiempo, de suspender la convocatoria, aunque le expresaron que, frente al espíritu reivindicativo que la propició, la misma tendría ahora otro tono distinto, de testimonio de la voluntad inquebrantable de los torremolinenses de ver cumplido finalmente su sueño autonómico.

 

El fortísimo aguacero que marcó en lo meteorológico la jornada del 15 de diciembre de 1987 no fue óbice para que, desde las seis de la mañana, miles de ciudadanos empezaran a ocupar sus plazas en los autobuses previstos, que emprendieron viaje a Sevilla, junto a centenares de vehículos privados, a las 8 de la mañana, mientras la jornada paralizaba también todo el municipio, ya que el comercio y quienes no pudieron desplazarse quisieron también mostrar su solidaridad con al marcha.

Más de 7.000 personas, muy por encima de las 5.000 previstas inicialmente y prácticamente la tercera parte de la población total de Torremolinos en aquel momento, vivieron con ilusión e impaciencia un viaje histórico que está ya inscrito como uno de los momentos más decisivos y emotivos de todo el proceso por la independencia.


Bien entrada la tarde, cuando aún persistía la lluvia incesante durante toda la jornada, la multitudinaria caravana era recibida con alegría en Torremolinos, que permaneció durante todo el día poco menos que como una "ciudad fantasma", con comercios y bares cerrados y toda actividad prácticamente paralizada.

El orden y el civismo marcaron la concentración en Sevilla, donde un vehículo con megafonía solicitaba las disculpas de los vecinos de la capital y explicaba las razones de la movilización. Ni un solo incidente empañó el ejemplo cívico ofrecido por los torremolinenses.

A partir de entonces, sólo cabía ya esperar la calma de los ánimos y ver culminado un sueño al que de manera injusta, contumaz y hartera se habían venido oponiendo los resortes del poder socialista en Madrid, Sevilla y Málaga, no sólo ya frente a los propios vecinos de Torremolinos sino contradiciendo también la postura mayoritaria de los ciudadanos malagueños, que comprendieron la justicia de la reivindicación.

Comenzaron entonces a producirse situaciones y posturas personales, no alejadas de intrigas e intoxicaciones de toda naturaleza, que pretendían a la postre desvirtuar el proceso vivido, hasta el punto de que muchos de los que durante años se manifestaron y actuaron radicalmente en contra de la segregación de Torremolinos, se proclamaban ahora defensores de la autonomía "de toda la vida".

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